DEFINICIÓN
El Trastorno de Pánico es el único
problema psicológico cuyo síntoma
predominante es un miedo intenso a
tener nuevos ataques de pánico y la
aparición repetida de ataques de
pánico como mínimo durante un mes.
DIAGNÓSTICO
En el DSM- IV-TR, se define el
ataque de pánico como una aparición
temporal y aislada de miedo o
malestar intensos, acompañada de
cuatro (o más) de los siguientes
síntomas, que se inician bruscamente
y alcanzan su máxima expresión en
los primeros 10 minutos:
palpitaciones, sacudidas del corazón
o elevación de la frecuencia
cardiaca; sudoración, temblores o
sacudidas; sensación de ahogo o
falta de aliento; sensación de
atragantarse; opresión o malestar
torácico; náuseas o molestias
abdominales; inestabilidad, mareo o
desmayo; desrealización (sensación
de irrealidad) o despersonalización
(estar separado de uno mismo); miedo
a perder el control o volverse loco;
miedo a morir; parestesias
(sensación de entumecimiento u
hormigueo) y escalofríos o
sofocaciones.
Es importante llamar la atención
sobre la expresión ataque
inesperado, en los criterios
diagnósticos del trastorno de
pánico, Los ataques de pánico pueden
producirse en el transcurso de otros
trastornos. Estos ataques de pánico
pueden ser de tres tipos: 1)
Inesperados: En su origen no hay un
desencadenante claro; 2)
Predispuestos situacionalmente: Los
ataques son más frecuentes en
determinadas situaciones pero no se
asocian totalmente con ellas; 3)
Determinados situacionalmente: Hay
unas situaciones o estímulos
asociados totalmente a los ataques,
de modo que estos se producen
siempre ante su presencia o su
anticipación. Para diagnosticas
trastorno de pánico, al menos
algunos ataques han de debido ser
inesperados.
Una característica fundamental del
trastorno de pánico es el miedo al
miedo, que tiene dos componentes:
miedo a las reacciones somáticas o
activación fisiológica asociada con
la ansiedad y cogniciones de que
experimentar sensaciones somáticas
de ansiedad tendrá consecuencias
dañinas o catastróficas de tipo
físico (ataque cardiaco, vómitos,
desmayos) o social-conductual
(pérdida de control, gritos,
volverse loco).
Según el DSM IV-R la agorafobia se
define como la aparición de ansiedad
al encontrarse en lugares o
situaciones donde escapar puede
resultar difícil (o embarazoso) o
donde, en el caso de aparecer una
crisis de angustia inesperada o más
o menos relacionada con una
situación, o bien síntomas similares
a la angustia, puede no disponer de
ayuda. Los temores agorafóbicos
suelen estar relacionados con un
conjunto de situaciones
características, entre las que se
incluyen estar solo fuera de casa;
mezclarse con la gente o hacer cola;
pasar por un puente, o viajar en
autobús, tren o automóvil.
La agorafobia no es el miedo a los
espacios abiertos ni es lo contrario
de la claustrofobia. La condición
sine qua non para el diagnóstico de
agorafobia es “perder el campo de
control”, el miedo a ser atrapado
por una situación sobre la que no se
tenga control. El agorafóbico al
evitar las situaciones que le
producen miedo va a ir estrechando
su campo de control cada vez más.
ENTENDIENDO EL TRASTORNO DE PÁNICO
Pasamos por muchas intervenciones
médicas y no médicas antes de saber
que el problema tiene un nombre:
Ataques de Pánico. Este es el primer
paso, ya que conocer el problema es
parte principal de la solución del
mismo. Conocemos que no se trata de
ninguna enfermedad mortal, sino que
son nuestros pensamientos y
creencias lo que lo mantienen u
ocasionan.
Como estas crisis suceden
inesperadamente (en cualquier lugar
y momento), nos quedamos muy
asustados, con el temor latente de
que vuelva a repetirse. Entonces,
comenzamos a sentirnos inseguros en
todo momento, no queremos quedarnos
solos en casa o salir a la calle sin
compañía. Comenzamos a depender de
personas cercanas para cualquier
actividad, pensando que nuestro
acompañante nos auxiliará en caso
nos de las crisis, llevándonos al
hospital, a casa o algún lugar que
pensemos es seguro.
A veces, este problema comienza de
manera gradual, sin crisis muy
intensas, ni frecuentes, haciéndose
progresivo, evitamos diversos
lugares abiertos (parques, calles,
avenidas, etc.) como cerrados
(carros, aviones, cines, etc.),
guiados siempre por la inseguridad
de perder el control. De este modo,
por el miedo a que pueda ocurrir
nuevamente las crisis, el EVITAR se
vuelve indispensable para no correr
el riesgo de sentir el intenso
malestar de los síntomas que
interpretamos como peligrosos. De
esta manera vamos estrechando
nuestro campo de control, llegando a
lo que se denomina Agorafobia.
Actualmente existen diversas teorías
acerca de las causas del Trastorno
de Pánico. Algunos investigadores,
refieren que se presenta por un
problema orgánico específico
(alteraciones genéticas,
neurobioquímicas) y así lo confirman
las revisiones sobre la eficacia de
los tratamientos farmacológicos.
También, se ha comprobado elevada
eficacia en los tratamientos
psicológicos (la terapia cognitivo
conductual ha resultado la mejor
entre otras) y en los combinados
(farmacológicos y psicológicos).
Pero hasta ahora no se ponen de
acuerdo cual terapia resulta mas
eficaz, en qué tipo de personas con
TP y en qué condiciones.
Según nuestra experiencia y en
correspondencia con otros autores o
clínicos, sugerimos en un primer
momento un tratamiento farmacológico
a personas que deseen un alivio
inmediato o deseen medicación, y
posteriormente, o a la par tratarse
también con psicoterapia. Porque,
desde nuestra perspectiva, el
problema debe ser abordado de las
dos maneras, porque “el cuerpo y la
mente no son dos cosas separadas”,
ya que uno influye en el otro: la
información procedente del cuerpo
contribuye a la experiencia
emocional y cognitiva y a su vez,
nuestros pensamientos influyen en
nuestras emociones y fisiología. No
son dos unidades aisladas; sólo son
dos partes de una totalidad.
¿Nuestro organismo influye en
nuestros sentimientos y
pensamientos?. Indudablemente SI.
Esto puede parecer obvio en un
primer momento, como por ejemplo,
cuando tomamos alcohol nuestra
cognición disminuye, pero también,
existen otros factores más sutiles
como por ejemplo, el ritmo de
nuestra respiración. Cuando uno se
encuentra con ira o con miedo, el
ritmo de la respiración se vuelve
rápido, caótico. Sin tal ritmo la
ira o la ansiedad no son posibles.
Otro ejemplo es nuestra postura
corporal. Esta influye notoriamente
en nuestros sentimientos, por
ejemplo: cuando uno se encuentra
deprimido, tiende a encorvarse, por
lo contrario una postura erguida
genera una disposición feliz. No hay
persona que pueda llorar en una
postura encorvada. Igualmente, los
alimentos, el sueño, los ejercicios,
el exceso de trabajo pueden llevar a
que la mente se altere.
La siguiente pregunta es si la mente
influye en nuestro organismo.
Definitivamente SI. Les dejo una
información que lo explica muy bien:
|
“…Somos las únicas criaturas
en la superficie de la
Tierra capaces de
transformar nuestra biología
mediante lo que pensamos y
sentimos.
Nuestras células están
constantemente observando
nuestros pensamientos y
siendo modificadas por
ellos. Un ataque de
depresión puede arrasar
nuestro sistema
inmunológico; serenarse,
al contrario, puede
fortificarlo tremendamente.
La alegría y la actividad
armoniosa nos mantienen
saludables y prolongan la
vida.
El recuerdo de una situación
negativa o triste, libera
las mismas hormonas y
sustancias biológicas
destructivas que el estrés.
Sus células están
constantemente procesando
todas sus experiencias y
metabolizandolas de acuerdo
con sus puntos de vista
personales.
No se puede simplemente
captar datos aislados y
confirmarlos con un
juzgamiento.
Usted se transforma en la
interpretación cuando la
internaliza.
Quien está deprimido a causa
de la pérdida de un empleo,
por ejemplo, proyecta
tristeza por todas partes
del cuerpo. La producción de
neurotransmisores a partir
del cerebro se altera, el
nivel de hormonas varía, el
ciclo del sueño es
interrumpido, los receptores
neuropeptídicos en la
superficie externa de las
células de la piel se
modifican, las plaquetas
sanguíneas se tornan más
viscosas y más propensas a
formar grumos y hasta sus
lágrimas contienen trazos
químicos diferentes al de
las lágrimas de alegría.
La ansiedad a causa de un
examen acaba pasando, así
como la depresión a causa de
un empleo perdido.
Todo este perfil bioquímico
será drásticamente
modificado cuando la persona
encuentre una nueva
situación. Estos hechos
confirman la gran necesidad
de usar nuestra consciencia
para crear los cuerpos que
realmente necesitamos.
Shakespeare no estaba siendo
metafórico cuando a través
de su personaje Próspero
dijo: “ Nosotros somos
hechos de la misma materia
que los sueños”.
El proceso de
envejecimiento, sin embargo,
tiene que ser neutralizado
cada día.
¿Usted quiere saber como
está su cuerpo hoy? Entonces
recuerde lo que pensó y
sintió ayer.
¿Quiere saber como estará su
cuerpo mañana?
¡Observe sus pensamientos y
emociones hoy!
¡O usted abre su corazón,
o algún cirujano
cardiovascular lo hará por
usted!...”
Fuente: http://www.postpoliolitaff.org/refl/Mutantes.pps#259,8,Diapositiva
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En el caso de AP tanto el organismo
como la mente han aprendido a
reaccionar de “manera ansiosa”. El
aprendizaje que hace el organismo,
Barlow, lo llamo “condicionamiento
interoceptivo”. Esto es la
asociación entre los estímulos
internos del cuerpo. En el AP,
después de varias crisis nuestro
cuerpo va a asociar las primeras
sensaciones de pánico (aceleración
del corazón, falta de aire,
sudoración) con las últimas, de modo
que cuando se comienza a sentir las
sensaciones iniciales, esto hace
desencadenar instantáneamente el AP.
Esto es similar a cuando salivamos
por el aroma de nuestra comida
preferida.
La mente en el AP también a
aprendido a reaccionar de “manera
ansiosa”. Nuestros pensamientos,
como anteriormente comentamos,
determinan nuestras emociones (y por
lo tanto el pánico) y es así que a
través de nuestros pensamientos
podemos cambiar nuestra actitud para
lograr un beneficioso manejo
emocional. Entonces, es importante
entender que no son las situaciones
lo que nos generan una emoción
(pánico), sino la interpretación de
esa situación como peligrosa.
A
B
C
Situación à
Pensamiento à
Emoción/Conducta
Entre lo que nos sucede (A) y la
emoción (C) esta: EL PENSAMIENTO
(B). Esto significa que la emoción
no aparece de la nada, y no es que
de pronto “siento pánico, no se por
qué y no puedo evitarlo”.
La ansiedad es una respuesta normal
frente a un peligro. Pero a veces es
un peligro imaginario, como sucede
en el AP. La ansiedad lleva
aparejado una serie de sensaciones
en el cuerpo como palpitaciones,
falta de aire, sudoración, etc. Si
con estas sensaciones interpretamos
que vamos a tener un ataque
cardiaco, cómo no vamos a estar
aterrados?; entonces interpretamos
que estamos frente a un peligro, y
si estamos frente a un peligro, cómo
no vamos a sentir miedo?. La
presentación de estos síntomas
(producidas por la interpretación de
peligro) confirma aun mas la idea de
un ataque cardiaco y por lo tanto de
muerte inminente, lo que hace que
aumenten las sensaciones físicas,
en una especie de “circulo vicioso”,
llegando a desencadenar el Ataque de
Pánico. Pero como siempre, lo que
creemos que nos va a pasar NUNCA
sucede. Como dijimos estamos frente
a un peligro imaginario.
Interpretamos erróneamente nuestras
sensaciones (situación) y
necesitamos, por lo tanto,
reformularlas y contrastarlas con la
realidad.
Pero todo esto hace que nos quedemos
más propensos a cualquier señal de
peligro interno (condicionamiento
interoceptivo). Por causa de esto,
cualquier sensación extraña en
nuestro cuerpo lo interpretamos como
algún tipo de enfermedad mortal.
Pero porque pensamos o interpretemos
que algo es peligroso, no
necesariamente estamos en lo
correcto, aun así lo creamos
firmemente. Esto es lo que sucede
con el pánico, tenemos
interpretaciones inadecuadas de
nuestras sensaciones.
El primer paso entonces, es cambiar
este tipo de interpretaciones
erróneas, y aprender a manejar las
sensaciones del cuerpo mediante
diversas técnicas. Pero esto solo es
el comienzo, el manejar las
sensaciones de la ansiedad-pánico es
como soplar el humo del volcán, la
verdadera tarea comienza cuando
llegamos a entender qué creencias
son las que nos han activado el
pánico. Estamos seguros que por mas
que hayamos nacido con una
predisposición biológica (genética)
a desarrollar pánico eso no
desencadena el Trastorno, puede
influir si, pero como hemos dicho a
lo largo del artículo, la mente
tiene mucho que ver en el problema.
Los seres humanos según Albert Ellis,
tienden a desarrollar creencias
irracionales (estos son los
verdaderos magmas del volcán).
Refiere que la mayor parte de los
problemas emocionales son derivados
de nuestra tendencia a Demandar.
Existen 3 demandas irracionales
(creencias rígidas y
perfeccionistas) que cuando las
personas los tienen no alcanzan un
adecuado manejo emocional:
1. El mundo debería ser perfecto,
como yo quiero que sea
2. Me deben aceptar, amar y aprobar
todas las personas significativas de
mi entorno
3. Yo debería ser competente en
todo lo que hago, debería ser
perfecto
Los pensamientos y más aun las
creencias son difíciles de
identificar, por esto un adecuado
acompañamiento profesional le
ayudará a manejar las sensaciones de
pánico y a identificar las creencias
para así ayudarlo a modificarlas. Es
importante que el TP se trate a
tiempo, pues de lo contrario suele
complicarse con agorafobia u otras
fobias, abuso de alcohol o de
sustancias ansiolíticas y con
trastornos depresivos.