Artículos |  Trastorno de Pánico

                Milagros Martínez*

                mmartinez@consultoria-psicologica.com

 

  

DEFINICIÓN

 

El Trastorno de Pánico  es el único problema psicológico cuyo síntoma predominante es un miedo intenso a tener nuevos ataques de pánico y la aparición repetida de ataques de pánico como mínimo durante un mes.

 

DIAGNÓSTICO

 

En el DSM- IV-TR, se define el ataque de pánico como una aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos: palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca; sudoración, temblores o sacudidas; sensación de ahogo o falta de aliento; sensación de atragantarse; opresión o malestar torácico; náuseas o molestias abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo; desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo); miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo) y escalofríos o sofocaciones.

 

 

Es importante llamar la atención sobre la expresión ataque inesperado, en los criterios diagnósticos del trastorno de pánico, Los ataques de pánico pueden producirse en el transcurso de otros trastornos. Estos ataques de pánico pueden ser de tres tipos: 1) Inesperados: En su origen no hay un desencadenante claro; 2) Predispuestos situacionalmente: Los ataques son más frecuentes en determinadas situaciones pero no se asocian totalmente con ellas; 3) Determinados situacionalmente: Hay unas situaciones o estímulos asociados totalmente a los ataques, de modo que estos se producen siempre ante su presencia o su anticipación. Para diagnosticas trastorno de pánico, al menos algunos ataques han de debido ser inesperados.

 

Una característica fundamental del trastorno de pánico es el miedo al miedo, que tiene dos componentes: miedo a las reacciones somáticas o activación fisiológica asociada con la ansiedad y cogniciones de que experimentar sensaciones somáticas de ansiedad tendrá consecuencias dañinas o catastróficas de tipo físico (ataque cardiaco, vómitos, desmayos) o social-conductual (pérdida de control, gritos, volverse loco).

 

Según el DSM IV-R la agorafobia se define como la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponer de ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.

 

La agorafobia no es el miedo a los espacios abiertos ni es lo contrario de la claustrofobia. La condición sine qua non para el diagnóstico de agorafobia es “perder el campo de control”, el miedo a ser atrapado por una situación sobre la que no se tenga control. El agorafóbico al evitar las situaciones que le producen miedo va a ir estrechando su campo de control cada vez más.

 

 

ENTENDIENDO EL TRASTORNO DE PÁNICO

 

Pasamos por muchas intervenciones médicas y no médicas antes de saber que el problema tiene un nombre: Ataques de Pánico. Este es el primer paso, ya que conocer el problema es parte principal de la solución del mismo. Conocemos que no se trata de ninguna enfermedad mortal, sino que son nuestros pensamientos y creencias lo que lo mantienen u ocasionan.

Como estas crisis suceden inesperadamente (en cualquier lugar y momento), nos quedamos muy asustados, con el temor latente de que vuelva a repetirse. Entonces, comenzamos a sentirnos inseguros en todo momento, no queremos quedarnos solos en casa o salir a la calle sin compañía. Comenzamos a depender de personas cercanas para cualquier actividad, pensando que nuestro acompañante nos auxiliará en caso nos de las crisis, llevándonos al hospital, a casa o algún lugar que pensemos es seguro.

A veces, este problema comienza de manera gradual, sin crisis muy intensas, ni frecuentes, haciéndose progresivo, evitamos diversos lugares abiertos (parques, calles, avenidas, etc.) como cerrados (carros, aviones, cines, etc.), guiados siempre por la inseguridad de perder el control. De este modo, por el miedo a que pueda ocurrir nuevamente las crisis, el EVITAR se vuelve indispensable para no correr el riesgo de sentir el intenso malestar de los síntomas que interpretamos como peligrosos. De esta manera vamos estrechando nuestro campo de control, llegando a lo que se denomina Agorafobia.

Actualmente existen diversas teorías acerca de las causas del Trastorno de Pánico. Algunos investigadores, refieren que se presenta por un problema orgánico específico (alteraciones genéticas, neurobioquímicas) y así lo confirman las revisiones sobre la eficacia de los tratamientos farmacológicos. También, se ha comprobado elevada eficacia en los tratamientos psicológicos (la terapia cognitivo conductual ha resultado la mejor entre otras) y en los combinados (farmacológicos y psicológicos). Pero hasta ahora no se ponen de acuerdo cual terapia resulta mas eficaz, en qué tipo de personas con TP y en qué condiciones.

Según nuestra experiencia y en correspondencia con otros autores o clínicos, sugerimos en un primer momento un tratamiento farmacológico a personas que deseen un alivio inmediato o deseen medicación, y posteriormente, o a la par tratarse también con psicoterapia. Porque, desde nuestra perspectiva, el problema debe ser abordado de las dos maneras, porque “el cuerpo y la mente no son dos cosas separadas”, ya que uno influye en el otro: la información procedente del cuerpo contribuye a la experiencia emocional y cognitiva y a su vez, nuestros pensamientos influyen en nuestras emociones y fisiología. No son dos unidades aisladas; sólo son dos partes de una totalidad.

 ¿Nuestro organismo influye en nuestros sentimientos y pensamientos?. Indudablemente SI. Esto puede parecer obvio en un primer momento, como por ejemplo, cuando tomamos alcohol nuestra cognición disminuye, pero también, existen otros factores más sutiles como por ejemplo, el ritmo de nuestra respiración. Cuando uno se encuentra con ira o con miedo, el ritmo de la respiración se vuelve rápido, caótico. Sin tal ritmo la ira o la ansiedad no son posibles. Otro ejemplo es nuestra postura corporal. Esta influye notoriamente en nuestros sentimientos, por ejemplo: cuando uno se encuentra deprimido, tiende a encorvarse, por lo contrario una postura erguida genera una disposición feliz. No hay persona que pueda llorar en una postura encorvada. Igualmente, los alimentos, el sueño, los ejercicios, el exceso de trabajo pueden llevar a que la mente se altere.

La siguiente pregunta es si la mente influye en nuestro organismo. Definitivamente SI. Les dejo una información que lo explica muy bien:

 

“…Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. 
Nuestras células están constantemente observando nuestros pensamientos y siendo modificadas por ellos. Un ataque de depresión puede arrasar nuestro sistema inmunológico; serenarse,   al contrario, puede fortificarlo tremendamente. 
La alegría y la actividad armoniosa nos mantienen saludables y prolongan la  vida. 
El recuerdo de una situación negativa o  triste, libera las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés.

Sus células están constantemente procesando todas sus experiencias y metabolizandolas de acuerdo con sus puntos de vista personales.

No se puede simplemente captar datos aislados y confirmarlos con un juzgamiento.

Usted se transforma en la interpretación cuando la internaliza.

Quien está deprimido a causa de la pérdida de un empleo, por ejemplo,  proyecta tristeza por todas partes del cuerpo. La producción de neurotransmisores a partir del cerebro se altera, el nivel de hormonas varía, el ciclo del sueño es interrumpido, los receptores neuropeptídicos en la superficie externa de las células de la piel se modifican, las plaquetas sanguíneas se tornan más viscosas y más propensas a formar grumos y  hasta  sus lágrimas contienen trazos químicos diferentes al de las lágrimas de alegría.

La ansiedad a causa de un examen acaba pasando, así como la depresión a causa de un empleo perdido.

Todo este perfil bioquímico será drásticamente modificado cuando la persona encuentre una nueva situación. Estos hechos confirman la gran necesidad de usar nuestra consciencia para crear los cuerpos que realmente necesitamos.

Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero dijo: “ Nosotros somos hechos de la misma materia que los sueños”.

El  proceso de envejecimiento, sin embargo, tiene que ser neutralizado cada día.

¿Usted quiere saber como está su cuerpo hoy? Entonces recuerde lo que pensó y sintió ayer.

¿Quiere saber como estará su cuerpo mañana?

¡Observe sus pensamientos y emociones hoy!

¡O usted  abre su corazón,

o algún cirujano cardiovascular lo hará por usted!...”

 

Fuente: http://www.postpoliolitaff.org/refl/Mutantes.pps#259,8,Diapositiva 1

 

En el caso de AP tanto el organismo como la mente han aprendido a reaccionar de “manera ansiosa”. El aprendizaje que hace el organismo, Barlow, lo llamo “condicionamiento interoceptivo”. Esto es la asociación entre los estímulos internos del cuerpo. En el AP, después de varias crisis nuestro cuerpo va a asociar las primeras sensaciones de pánico (aceleración del corazón, falta de aire, sudoración) con las últimas, de modo que cuando se comienza a sentir las sensaciones iniciales, esto hace desencadenar instantáneamente el AP. Esto es similar a cuando salivamos por el aroma de nuestra comida preferida.

La mente en el AP también a aprendido a reaccionar de “manera ansiosa”. Nuestros pensamientos, como anteriormente comentamos, determinan nuestras emociones (y por lo tanto el pánico) y es así que a través de nuestros pensamientos podemos cambiar nuestra actitud para lograr un beneficioso manejo emocional. Entonces, es importante entender que no son las situaciones lo que nos generan una emoción (pánico), sino la interpretación de esa situación como peligrosa.

                         

                                A                            B                                     C

                         

                           Situación    à     Pensamiento    à     Emoción/Conducta

 

Entre lo que nos sucede (A) y la emoción (C) esta: EL PENSAMIENTO (B). Esto significa que la emoción no aparece de la nada, y no es que de pronto “siento pánico, no se por qué y no puedo evitarlo”.

La ansiedad es una respuesta normal frente a un peligro. Pero a veces es un peligro imaginario, como sucede en el AP. La ansiedad lleva aparejado una serie de sensaciones en el cuerpo como palpitaciones, falta de aire, sudoración, etc. Si con estas sensaciones interpretamos que vamos a tener un ataque cardiaco, cómo no vamos a estar aterrados?; entonces interpretamos que estamos frente a un peligro, y si estamos frente a un peligro, cómo no vamos a sentir miedo?. La presentación de estos síntomas (producidas por la interpretación de peligro) confirma aun mas la idea de un ataque cardiaco y por lo tanto de muerte inminente, lo que hace que aumenten  las sensaciones físicas, en una especie de “circulo vicioso”, llegando a desencadenar el Ataque de Pánico. Pero como siempre, lo que creemos que nos va a pasar NUNCA sucede. Como dijimos estamos frente a un peligro imaginario. Interpretamos erróneamente nuestras sensaciones (situación) y necesitamos, por lo tanto, reformularlas y contrastarlas con la realidad.

Pero todo esto hace que nos quedemos más propensos a cualquier señal de peligro interno (condicionamiento interoceptivo). Por causa de esto, cualquier sensación extraña en nuestro cuerpo lo interpretamos como algún tipo de enfermedad mortal. Pero porque pensamos o interpretemos que algo es peligroso, no necesariamente estamos en lo correcto, aun así lo creamos firmemente. Esto es lo que sucede con el pánico, tenemos interpretaciones inadecuadas de nuestras sensaciones.

El primer paso entonces, es cambiar este tipo de interpretaciones erróneas, y aprender a manejar las sensaciones del cuerpo mediante diversas técnicas. Pero esto solo es el comienzo, el manejar las sensaciones de la ansiedad-pánico es como soplar el humo del volcán, la verdadera tarea comienza cuando llegamos a entender qué creencias son las que nos han activado el pánico. Estamos seguros que por mas que hayamos nacido con una predisposición biológica (genética) a desarrollar pánico eso no desencadena el Trastorno, puede influir si, pero como hemos dicho a lo largo del artículo, la mente tiene mucho que ver en el problema. Los seres humanos según Albert Ellis, tienden a desarrollar creencias irracionales (estos son los verdaderos magmas del volcán). Refiere que la mayor parte de los problemas emocionales son derivados de nuestra tendencia a Demandar.  Existen 3 demandas irracionales (creencias rígidas y perfeccionistas) que cuando las personas los tienen no alcanzan un adecuado manejo emocional:

 

1.   El mundo debería ser perfecto, como yo quiero que sea

2.  Me deben aceptar, amar y aprobar todas las personas significativas de mi entorno

3.  Yo debería ser competente en todo lo que hago, debería ser perfecto

Los pensamientos y más aun las creencias son difíciles de identificar, por esto un adecuado acompañamiento profesional le ayudará a manejar las sensaciones de pánico y a identificar las creencias para así ayudarlo a modificarlas. Es importante que el TP se trate a tiempo, pues de lo contrario suele complicarse con agorafobia u otras fobias, abuso de alcohol o de sustancias ansiolíticas y con trastornos depresivos.

 

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* Psicóloga Clínica, Psicoterapeuta TRE